martes, 10 de junio de 2008

MIRÁNDOTE

Es inevitable no detenerme en tu mirada...

Esa vez que estabas caminando por los senderos de aquella plaza, de la cual no recuerdo el nombre, te observé. Ví que tus ojos estaban perdidos en la multitud y yo, desde lejos, descifraba tus pensamientos, trataba de entender.

Seguías tu rumbo sin saber que yo estaba por detrás analizándo cada movimiento, un poco por curiosidad y otro poco por preocupación.

Tenía la sensación de que algo tenías que decirme, que algo te tenía mal, que en ese afán de proteger a los que queres no querías embarullararme con tus cosas, sin entender que también son las mías.

Esperé que tu mirada, por propia voluntad, se ilumine y ahí aparecí sólo para escuchar, para prestarte los oídos, para regalarte el corazón y para protegerte en un abrazo. Sentí que sirvió, te desahogaste, explotaste en llanto y hoy, una vez mas, volves a sonreír.

Foto: :Antonio (Flickr)

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